
Belves nació en 2025, pero su historia empezó mucho antes.
Somos Pau y Facu, y el café siempre fue parte de nuestra vida, una tradición familiar. Y con el tiempo, también se convirtió en una búsqueda.
En 2020 empezamos a ir un poco más allá. Lo que empezó como un juego —intentar replicar en casa ese café que tanto nos gustaba tomar afuera— se fue transformando en algo más serio. Probamos distintos granos, cambiamos la cafetera, aprendimos sobre molienda, temperatura, métodos. Nos metimos en el detalle.
Y en ese proceso entendimos dos cosas: Que es posible tomar un buen café en casa, y que eso no depende de una sola cosa, sino de muchas.
Belves nace de ahí. De esa curiosidad, de ese disfrute y de esas ganas de hacer las cosas bien.
Es un café que busca ser rico, de calidad, sin vueltas innecesarias. Un café pensado para disfrutar todos los días y para compartir.
Pero Belves también nace de algo más personal.
El nombre viene de “Belvederes”, como empezamos a llamar —sin mucha explicación racional— a nuestros perros, Moro y Biela. Con el tiempo, ese nombre se volvió parte de nuestra casa, de nuestra historia, de nuestra familia. Belves es, de alguna forma, una síntesis de todo eso.
Por eso este proyecto no es solo café. Es un proyecto que nació asociado a nuestro amor por las mascotas y que tiene un propósito. Porque el amor por los perros también es parte de lo que somos y buscamos que Belves lo reflejara desde el primer día.
Entonces nuestra misión va más allá del café: transformar cada grano en una oportunidad para aportar bienestar, salud y nuevos hogares a perros en situación de calle, que son los que más lo necesitan.
Belves es eso: un buen café… que también deja huella.